La pregunta ya no es si debemos usarla, sino cómo enseñar a utilizarla.
Hace unos años nos preguntábamos si los estudiantes debían utilizar Internet para hacer los trabajos. Hoy la conversación ha cambiado.
La inteligencia artificial ya forma parte del día a día de millones de niños y adolescentes. Utilizan herramientas como ChatGPT para resolver ejercicios, redactar textos, buscar información o estudiar para un examen.
Y esto plantea una realidad que no podemos ignorar: si usan la inteligencia artificial, quizá tenemos que enseñarles a utilizarla.
Prohibir no es la solución
Cada avance tecnológico ha despertado preocupación.
Ocurrió con las calculadoras. Pensábamos que su uso les iba a quitar autonomía, mientras que ahorra tiempo en muchos casos y permite resolver problemas de cálculos complejos en menor tiempo.
Con Internet. Pensábamos que iban a dejar de buscar información fiable en enciclopedias y les hemos enseñado a manejar las diferentes fuentes de información
Con Wikipedia. Creíamos que iba a imponerse una única fuente, en la que además la información no era del todo fiable y no ha sido así.
Y ahora sucede con la inteligencia artificial. Han surgido reticencias, pero también desafíos educativos que tenemos que afrontar.
La prohibición puede funcionar durante un tiempo, pero difícilmente prepara a los estudiantes para el mundo en el que van a vivir.
La educación siempre ha tenido un objetivo mucho mayor que transmitir contenidos: enseñar a pensar.
Y ese objetivo sigue siendo el mismo, con inteligencia artificial o sin ella.
El riesgo no es la inteligencia artificial. Es cómo la utilizamos.
La inteligencia artificial puede convertirse en un gran profesor… o en un sustituto del pensamiento.
Depende del uso que hagamos de ella.
Cuando un estudiante copia directamente una respuesta sin comprenderla, aparentemente termina antes.
Pero también está dejando de desarrollar habilidades esenciales como:
- Comprensión lectora.
- Pensamiento crítico.
- Expresión escrita.
- Organización de ideas.
- Creatividad.
- Resolución de problemas.
En otras palabras, está obteniendo una respuesta, pero perdiendo un aprendizaje.
El peligro del desaprendizaje
Existe un concepto del que todavía se habla poco: el desaprendizaje por delegación.
Cuando dejamos que una herramienta piense constantemente por nosotros, nuestro cerebro deja de practicar determinadas funciones.
- Si un estudiante nunca redacta un texto porque siempre lo hace una inteligencia artificial, difícilmente mejorará su capacidad para escribir.
- Si nunca organiza una idea, tampoco aprenderá a estructurar un discurso.
- Si nunca busca relaciones entre conceptos, cada vez dependerá más de que otra herramienta lo haga por él.
La inteligencia artificial puede ahorrar tiempo. Pero nunca debería sustituir el proceso mental que permite aprender.
La IA como compañera de aprendizaje
La buena noticia es que también puede convertirse en una herramienta extraordinaria.
Por ejemplo, un estudiante puede pedirle a una IA que:
- Le explique un concepto con palabras más sencillas.
- Genere ejemplos adaptados a su edad.
- Cree preguntas para practicar antes de un examen.
- Simule un examen tipo test.
- Proponga ejercicios de dificultad progresiva.
- Le ayude a detectar errores en una redacción para después corregirlos él mismo.
- Explique un problema desde diferentes perspectivas hasta comprenderlo.
En estos casos, la inteligencia artificial no sustituye el aprendizaje, sino que lo potencia.
Lo que nunca debería hacer por un estudiante
Hay una diferencia enorme entre pedir ayuda y delegar el trabajo.
La inteligencia artificial no debería:
❌ Hacer los deberes completos.
❌ Escribir trabajos para entregar sin revisarlos.
❌ Resolver ejercicios que el alumno ni siquiera intenta comprender.
❌ Pensar siempre por el estudiante.
Porque aprender requiere esfuerzo cognitivo.
Y ese esfuerzo es precisamente el que hace crecer nuestro cerebro.
El papel de las familias y los docentes
En lugar de preguntar:
«¿Has usado inteligencia artificial?»
Quizá deberíamos preguntar:
- ¿Qué le has preguntado?
- ¿Qué has aprendido gracias a ella?
- ¿Estás de acuerdo con su respuesta?
- ¿Podrías explicármelo con tus propias palabras?
Estas preguntas fomentan el pensamiento crítico.
Y el pensamiento crítico será una de las competencias más importantes en los próximos años.
Educar para un mundo que ya ha cambiado
Nuestros hijos trabajarán en profesiones donde convivirán con la inteligencia artificial de manera natural.
Necesitarán saber utilizarla.
Pero, sobre todo, necesitarán saber cuándo confiar en ella, cuándo cuestionarla y cuándo aportar aquello que ninguna máquina puede ofrecer: creatividad, empatía, criterio y pensamiento propio.
La escuela, las familias y los profesionales de la educación tenemos la responsabilidad de enseñar ese equilibrio.
Nuestra visión en IVANN Academy
En nuestra cademia entendemos la inteligencia artificial como una herramienta educativa con un enorme potencial, siempre que se utilice con un objetivo claro: favorecer el aprendizaje, no reemplazarlo.
No queremos alumnos que sepan hacer buenos «prompts».
Queremos alumnos que sepan hacer buenas preguntas.
Que comprendan antes de responder.
Que desarrollen criterio antes que velocidad.
Y que utilicen la tecnología para ampliar sus capacidades, no para depender de ella.
Porque el futuro no pertenece a quienes usen inteligencia artificial.
Pertenece a quienes sepan pensar con ella, sin dejar de pensar por sí mismos.

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